Una mirada diferente

DIARIO EL LITORAL DE SANTA FE http://www.ellitoral.com/

Padre Hilmar Zanello

Nuestra manera de actuar depende, en gran parte, de nuestra manera de mirar las personas, los hombres, las mujeres, las cosas y la vida. Una mirada cargada de tristeza o pesimismo puede contagiar una depresión, mientras una mirada surgida del optimismo vital puede arrojar mucha luz en el corazón del otro. La mirada de un exaltado contagia y desestabiliza el equilibrio humano, así como una mirada que irradia comprensión y paz puede servir como un verdadero sedante en esta vida vertiginosa. El Evangelio de Jesús, que nos cuenta las maneras con que Él miraba a la gente, certifica racionalmente el poder de sus miradas sobre la condición humana del otro.

El Evangelio de san Lucas refiere aquellas sabias palabras del Maestro que constatan la trascendencia positiva o negativa de las miradas humanas. Allí dice Jesús: “La lámpara de tu cuerpo son tus ojos; si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tus ojos están enfermos, tu cuerpo entero estará a oscuras. Cuida entonces que tu luz no se convierta en tinieblas” (Lucas 11, 34 35).

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Si leemos con atención las primeras páginas de la Biblia, en el libro del Génesis encontramos el poder de una mirada equivocada que aconteció en la primera mujer, Eva, cuando, según dice el texto: “Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer… apacible para la vista…. tomó del fruto (prohibido) y comió” (Génesis, 3,6). Fue aquella una mirada “egocéntrica”, donde la tentación de los ojos le ganó a la fidelidad del mandato divino: de “este árbol no comerás”. Este relato bíblico es un paradigma que se repite humanamente, oscureciendo con el mal el corazón del hombre cada vez que la lámpara de nuestros ojos deja de iluminarnos.

Para nuestra cultura con tendencias marcadamente mercantilistas que inclina a mirar al hombre como un “engranaje de producción o de consumición”, vaciándolo de la dignidad de persona humana, vale la pena volver a recordar las palabras del Evangelio y los ejemplos de Jesús para que las tinieblas deshumanizadoras se carguen de luz sanadora.

Ver al hombre como persona es no sólo mirarlo, sino admirarlo. Sorprenderse por su originalidad y hondura con su dignidad de ser único y descifrar sus rasgos, llegando a captar como un mensaje que nos llega de parte del que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.

Quien no sabe captar ese mensaje emitido por la realidad humana que nos interpela es como si estuviese dominado por una ceguera existencial.

La raíz del cristianismo consiste en hacer del otro un prójimo y del prójimo, un hermano.

Mirando con una mirada que descubra la dignidad del hombre con una carga de respeto, comprensión y valoración, la lámpara de nuestro cuerpo, que son nuestros ojos, nos llevará a una aproximación del mismo Dios, según la expresión del filósofo español Xavier Zubiri: “La persona humana es de alguna manera Dios; es Dios humanamente”.

Los que pudimos ahondar en el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios o hayamos leído parte del Concilio en “Gozo y Esperanza”, en su número 22, podemos constatar la veracidad de estas afirmaciones. Lo contrario sería caer en lo que penosamente podemos constatar como el reinado antihumano de la ley del más fuerte o del que más puede ejercer el dominio sobre el otro.

Recordando ahora el estilo de vida de Jesús, podemos constatar que la mirada de Jesús no era como la de los fariseos radicales, que sólo veían impiedad o ignorancia de la ley e indiferencia religiosa.

Tampoco miraba como Juan el Bautista, que veía en el pueblo pecado, corrupción. La mirada de Jesús estaba llena de cariño, respeto y amor. Se compadecía ante las multitudes desamparadas como ovejas sin pastor. Sufría al ver tanta gente perdida y sin orientación… le dolía ver a la gente cansada, sin contención y maltratada.

Aquellas personas eran más víctimas que culpables; necesitaban conocer una vida más sana que ser condenadas.

Por eso llamó a sus discípulos no para condenar, sino para curar toda enfermedad y dolencia.

¿No será un desafío, para humanizarnos más y sanarnos fraternalmente, asumir en nuestras relaciones las miradas de Jesús?

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