CURIOSIDADES…KORO O SÍNDROME DEL PENE MENGUANTE…♥

miércoles, 6 de noviembre de 2013

CURIOSIDADES…KORO O SÍNDROME DEL PENE MENGUANTE…♥

En septiembre de 2003, miles de varones sudaneses acudieron a los puestos de socorro de la ciudad de Jartum convencidos de que una terrible enfermedad estaba haciendo encoger sus penes. El mal, que se transmitía por el mero hecho de dar la mano a un extranjero, adquirió tales proporciones que obligó a actuar a la policía y al Ministerio de Sanidad.

 

shouting man

Este curioso fenómeno, cuyo origen es cultural, esconocido como Koro (cuyo significado es “cabeza de tortuga” en coreano).

Es frecuente en algunas zonas de África, y especialmente en China, donde miles de hombres acuden cada año al médico con el convencimiento de que una rara enfermedad está haciendo desaparecer sus penes.

Según cuenta la creencia popular, el pene se retrae dentro del abdomen (en el caso de mujeres, los labios de la vulva o los pechos) y el afectado muere inmediatamente.

Quienes padecen el Síndrome de Koro entran en un estado de pánico que les hace comprobar continuamente el tamaño de su miembro y llegar a cualquier extremo con tal de detener la retracción de su miembro, ya sea mediante acupuntura o métodos algo más radicales, como pesos colgantes u otras barbaridades por el estilo.

Puede ser altamente contagioso, incluso llegando a convertirse en epidemia, como el brote de 1967 en Singapur, donde miles de hombres llegaron a pensar que sus penes habían sido robados.

Otras enfermedades mentales de origen cultural:

Los antropólogos han bautizado estas enfermedades como síndromes culturales, término que engloba a aquellas enfermedades propias de determinados grupos étnicos que en realidad no presentan más síntomas ni otra aparente causa que las propias creencias de quienes las padecen.

Los esquimales sufren de “histeria ártica o angustia de Kayak o Pibloktoq“. Se trata de un estado de intensa agitación, en el cual, las personas que lo padecen, se desprenden de sus ropas y corren sin rumbo, desnudos en el frío hasta caer en coma. Pueden atacar a otros o a sí mismos, llegando al riesgo de muerte por suicidio.

Los habitantes de las islas Wellesey en Australia sufren de ataques de pánico ulcerosos, conocidos comoMalgri, si se sumergen en el mar sin haberse lavado las manos de restos de alimentos que se han producido en tierra (la tierra y el mar son enemigos en su mitología).

La psicosis por windigo (o wendigo o witiko) es un tipo de trastorno mental que se producía entre las tribus de Canadá y Alaska. La persona que la sufría dejaba de comer, teniendo náuseas, vómitos y malestar ante la comida normal. También podían producirse episodios de insomnio o alucinaciones. Si no se paraba este estado la persona empezaba a manifestar el temor de que el wendigo (un espíritu) le poseyera, provocando esto que acabara convirtiéndose en caníbal. Antes de que esto ocurriera pedían a los miembros de su tribu que los mataran. La mayoría de los casos datan del siglo XIX, aunque existe controversia acerca de si realmente han llegado a existir.

Los malayos son presa de una furia asesina, el Amok. Tan terrible, que el nombre ha llegado a occidente, y ha pasado a emplearse para describir los estados psicóticos en los que caen, por ejemplo, los desequilibrados que cometen masacres en escuelas o lugares públicos. Desencadenada por una frustración, se desata una reacción psicótica con confusión, seguida de amnesia. La persona, con un alto nivel de frustración, repentinamente, con una espada corta (Kris) pasa a atacar al primero que encuentra delante sin salvaguardar su propia vida. Entre los malayos, el grito ¡amok! ¡amok! suena como una alarma y todos ya saben de que se trata.

Mientras que el Amok lo padecen los hombres, en este mismo pueblo, el Latah ocurre entre las mujeres. Comienza de forma súbita ante un gesto inesperado de una persona o una experiencia de temor, como la visión de una serpiente. Se manifiesta con una repetición de movimientos automáticos que hace que la afectada imite las palabras y los movimientos de otra persona sin poder resistirse a ello, como si fuera un eco. No pueden controlar, ni parar este comportamiento.

M. Angeles Molina

Directora y Psicóloga (col. 1642) del CentroPSINERGIA

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