TENGAMOS SEXO COMO SI HICIÉRAMOS EL AMOR

Este fin de semana, démonos la mejor de las encerronas en honor a San Valentín

Desde el famoso me duele la cabeza hasta los tengo mil y una broncas, siento algo de culpa, no venía preparado y preferiría estar en forma, no son pocos los casos en que las relaciones sexuales ocasionan más ansiedad e infelicidad que tranquilidad y satisfacción.

La gran mayoría de problemas sexuales tiene su origen en prácticas que no son sanas, es decir, que van de la falta de protección al tiempo que se le dedica a la relación sexual (curiosamente, a veces toma más tiempo convencer al otro o convencerse a sí mismo en detrimento de una relación plena y prolija) y el estrés con que llegamos a la cama, en muchas ocasiones generado más por ideas que nos acosan que por realidades palpables. La paradoja es que estos miedos e inseguridades suelen repercutir en nuestro desempeño íntimo.

Crazy Stupid Love (2011)

Crazy Stupid Love (2011)

 

¿De dónde surge el estrés?
Sorprende cómo, independientemente de la situación verdadera de nuestra pareja, la información externa y los casos cercanos, aun ajenos, influyen en nosotros. Un ejemplo de esto es la crisis que enfrenta la pareja en nuestros días con su importante dosis de inestabilidad, aumento de divorcios y separaciones, menor duración de las uniones, miedo al compromiso y hasta la tendencia a las parejas múltiples. Todo esto puede afectarnos: llevarnos a dudar y desconfiar, de tal forma que los temores le roben cancha a la posibilidad real de disfrutar de una relación.

Otro aspecto que contribuye a la desconfianza es la presión que ejerce el entorno en materias social, cultural, religiosa y económica, es decir, expectativas sociales, roles culturales, culpa o hasta aprietos económicos, sobre todo si les concedemos una importancia exagerada y nos sometemos a exigencias que nos priven de vivir relaciones sexuales plenas y satisfactorias.

A esto hay que sumarle la llamada pobreza de tiempo debido a nuestro ritmo de vida que usualmente afecta la calidad y la cantidad de las relaciones íntimas: menos hacer el amor, más rapidines, bajo la creencia de que es mejor lo que sea a no tener nada de nada. No obstante, obsesionarse por el resultado no sólo deriva en encuentros rápidos y frenesí por el orgasmo, sino que puede dar pie a relaciones impersonales, vacías y/o hasta violentas.

Crazy Stupid Love (2011)

Crazy Stupid Love (2011)

 

Orgasmos de medio pelo
¿De eso a nada? No sé. Eso es tan presuroso y desesperado que, más allá de eyacular, no permite que liberemos todo lo que llevamos dentro. Podemos acostumbrarnos a relaciones sexuales on the go y coitos de cinco minutos. Quizá los órganos sexuales se satisfagan, no obstante el resto del cuerpo se queda a medias, inacabado tenso: palpitaciones, dolor de cabeza, estrés… No sólo nos privamos de sensaciones más intensas y duraderas, sino que afecta nuestra salud: fluctuaciones hormonales y envejecimiento prematuro en las mujeres, y en los hombres hipertensión, daño al corazón, problemas de la próstata e impotencia.

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En aras del sexo perfecto
Extraños motivos impiden disfrutar a lo grande de la intimidad. A veces la sola idea de “hacer el amor” ahuyenta o repliega a las personas por el temor o por la expectativa de que sentimientos y placer se involucren. Comprensible, pero, en defensa de esta condición de inatrapables nos perdemos de sentir y gozar, de hacer sentir y gozar al otro, de conocerle y conocernos mejor. Qué chafas.

¿Qué sucede durante el enamoramiento que potencia la sexualidad?
Veámoslo científicamente: la oxitocina es la hormona de la procuración, es decir, lo que vincula a dos seres. Con el tiempo, sus efectos se desvanecen y ocurre lo más temido: nos “des-enamoramos”.

A falta de oxitocina, consciente o inconscientemente, muchas parejas recurren a la dopamina y su enorme poder de excitación: es ésta la hormona que se encuentra a tope en los encuentros sexuales producto de gran atracción, de vértigo, de frenesí: es la que nos empuja contra las paredes y nos tumba contra las mesas. Una vez que “desciende la temperatura” o “bajamos el nivel”, padecemos desajustes que resultan en más estrés, irritabilidad, resentimiento y, lo que ya sabemos, mutuas acusaciones. Hay parejas que se separan ante estas desavenencias, mientras que otras intentan mantener elevados los niveles de dopamina a través de subirle el nivel a la creatividad entre las sábanas: desde explorar distintas posiciones sexuales hasta intercambiar parejas, desde enamorarse de alguien más o compensar la pérdida con adicciones a distintas sustancias o actividades…

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Sea con la pareja nueva, con la de siempre, con la del día (o la noche), podríamos maximizar la producción de oxitocina y así impedir la “montaña rusa” que nos significa la dopamina. Ya Rudolf Von Urban, psicólogo austriaco, hablaba de seis elementos en aras de mayor goce de las relaciones sexuales. A saber:

Preparación: Consiste en afecto y atenciones mutuos, besarse y acariciarse y evitar la estimulación del clítoris para centrarse en la vagina. Requiere una mayor conexión que el mero empeño en “venirse”.

Posición: Encontrar una postura que nos permita estar relajados durante el coito. Una vez que el pene empieza a penetrar, las caricias y los besos deben cesar.

Duración: Ambos permanecen quietos, con movimientos suaves, mientras que hombre controla la eyaculación..

Concentración: Deben concentrarse uno en el otro, y en lo que están haciendo.

Relajación: Debe ser física, mental y emocional. Es decir, fuera preocupaciones ni culpas. Las quejas del trabajo y demás deben tratarse en otro terreno, no en la cama.

Frecuencia: ¡Ahí les va! 30 minutos de coito, con intervalos de cinco días, para recargar las baterías de la llamada bioenergía.

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Tomemos lo que nos atraiga o sirva, pero tomemos algo, por favor. Además de Von Urban está la clásica Karezza o paz entre las sábanas, basada en sexo tántrico, muy recomendable para parejas, más que menguantes, valientes. ¿Por qué? Porque se trata de una práctica sexual sin orgasmo en aras de vigorizar el cuerpo. Al fomentar el lazo espiritual entre dos personas, lo que persigue es la unión más que la pasión. Entre las prácticas que sugiere está la de acostarse ambos desnudos y en silencio, sea por la noche y/o por la mañana. La promesa es beneficiar tanto a la pareja como a los miembros de la misma en lo individual a través de una conexión eléctrica que no sólo involucre los órganos sexuales sino las manos, los labios, la piel, los ojos, la voz…

Démonos un respiro. Miremos a nuestra pareja. Escuchémosla. Acariciémosla. Abracémosla y reduzcamos nuestra presión sanguínea. Besémosla profunda y detenidamente. Démonos un masaje que nos desintoxique y despabile. Así se trata de una pareja estable o itinerante, tengamos sexo como si le hiciéramos y nos hiciéramos el amor.

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