Límites infranqueables

Mejora Emocional: Límites infranqueables

 

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Antes de empezar una nueva relación (e incluso durante el transcurso de la pareja), es necesario que tengamos bien en cuenta cuáles son los límites que consideramos infranqueables.

Incluso, yo separaría en tres las opciones (de hecho, es lo que hago en mi vida): lo que me agrada, lo que no me molesta y podría tolerar y, principalmente, lo que nunca aguantaría.

Porque hay determinadas actividades y ciertos aspectos a los que, con el tiempo, podemos llegar a acostumbrarnos, aunque en un principio nos parezcan extraños. Por ejemplo, tal vez conoces a alguien que tiene un hobby poco común o que te resulta totalmente novedoso (un deporte extremo, una afición) y, con el tiempo lo acompañas, te acoplas a lo nuevo e incluso, comienzas a compartir algunas áreas, si te sientes cómodo haciéndolo. Conozco personas que pasaron de quejarse  porque su pareja dedicaba demasiado tiempo a un deporte a jugarlo con él (e incluso, resultaron mejor de lo esperado y le ganan en muchas ocasiones).

Pero los límites infranqueables tienen otro tenor.

Son aquellos que protegen tu integridad (tanto psíquica como física), tus creencias, tu espíritu, tus ideales.

Y es esencial que los tengas bien en claro para que, al conocer a alguien nuevo, tus alertas internas suenen de inmediato y emprendas la retirada lo más pronto posible, apenas atisbes el menor rastro de lo que ya conoces y quieres evitar.

Si ya has pasado por varias desventuras amorosas y consideras que sueles toparte con seres agresivos, que no te respetan, manipuladores o poco genuinos y tus experiencias han terminado en el desánimo, puede deberse a que tus límites infranqueables no estén bien definidos.

Te propongo, entonces, que hagas una lista.

Sí, con un bolígrafo y lápiz (o en tu PC). Si es en este mismo momento, mejor, si no en el transcurso del día o mañana.

Créeme que en el momento en que conozcas una persona nueva y se te active la intuición o tengas alguna duda, aunque sea pequeña, agradecerás el tener esta lista a mano, preparada en otro momento y con la mente fría.

EJERCICIO

Divide tu lista en tres partes: cosas que te gustan, cosas que no te molestan y límites infranqueables.

Imagina, entonces, todas las situaciones que te vengan a la mente e incorpóralas a alguna de ellas tres.

Piensa en cómo sería una semana entera estando en pareja, día por día, y rellena los tres espacios.

No importa si uno está más poblado que los demás o si otro queda semivacío.

Luego de imaginar tu semana en pareja, la última parte del ejercicio:

Recuerda cómo fueron tus vínculos de pareja anteriores.

Qué te agradaba.

Qué te molestaba.

Qué no supiste manejar.

Qué te dejó secuelas emocionales que aún hoy estás tratando de resolver.

Escribe y escribe.

Cuantos más elementos tenga tu lista, tanto mejor para ti.

Cuando la hayas terminado (por hoy), guárdala en un lugar de fácil acceso.

A futuro, cuando quieras modificarla, no borres nada, tacha lo que no vaya en una columna y prefieras que esté en otra o que desaparezca (esto te irá dando la pauta de cómo algunas situaciones se van modificando y si toman el rumbo que deseas).

¡Comparte conmigo tu experiencia!

Lectura relacionada: Cuando basta es BASTA

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Por qué el amor es el verdadero motor de Luis Suárez

Tantos chistes, algunos de verdadero mal gusto; tantas imágenes, tratando de surtir con más nafta el fuego.

Me refiero a las redes sociales y a los periodistas, con relación a la situación de Luis Suárez.

Y dejo mi humilde opinión: la sanción fue de una severidad inusitada, teniendo en cuenta antecedentes del propio jugador, pero medida con una vara distinta a la que se aplicó o no, en otros episodios de distintos partidos de este mismo mundial.

El órgano de aplicación, no es de los más honestos. La FIFA (que nada tiene que ver con el verbo fifar), es una entidad cuyos altos jerarcas, son sospechados de muchas irregularidades y actos de corrupción.

Me remito a nuestro representante,  capo di tutti capi, Julio Grondona, que tiene un papel preponderante en el manejo de las finanzas de la FIFA, y del cual recuerdo en un reportaje que le hiciera un periodista especializado de Olé, ofuscado por lo que el entrevistador ponía en evidencia, para parar un poco la mano, le advirtió: Usted no sabe quién soy yo. Yo soy el virrey del mundo. Quizás quiso decir, el virrey de la fifa, pero para él es lo mismo.

Y una más; ¿recuerdan el sorteo de este mundial? Fue un vil acto de descarada corrupción. ¿Si era transparente y totalmente librado al azar, cómo es que el DT Alejandro Sabella, sabía y lo declaró de antemano, que Argentina integraría el grupo F?

La trampa fue sencilla. Las personalidades que sacaban las bolillas, todas correctas, y sin ninguna bola más pesada o liviana, más caliente o fría. Pero cuando llegaban al estrado, la persona que las abría y extraía el letrero, no lo hacía a la vista de las cámaras, sino ocultando sus manos por debajo del atril que sobresalía del mueble. Y entonces, mostraba el cartelito, cambiándolo según como ya lo habían programado, las honorables  autoridades de la fifa en complicidad con las de los organizadores del mundial.

Como homenaje a Luisito, les dejo lo que sigue.

 

El diario argentino Infobae publicó lo siguiente:
http://www.infobae.com/

Por qué el amor es el verdadero motor de Luis Suárez.

Aunque muchos creen que el fútbol y ganar es lo único que le importa, el deporte no ha sido más que una excusa para estar cerca de la dueña de su corazón.

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No se puede decir que sea el peor momento en la vida de Luis Suárez, aunque el dolor por la sanción de la FIFA lo atraviese y se traslade a todo el pueblo uruguayo. Es que su carrera deportiva es en realidad un recurso, una especie de excusa con la que su corazón, tan admirado por su sacrificio futbolero, busca alcanzar la verdadera felicidad. Pero no se trata (solo) de las victorias o el dinero. Ni siquiera de los goles.

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La vida de Suárez dio un vuelco a los 14 años, cuando conoció a Sofía Balbi, su novia desde la adolescencia y uno de los mayores motivos por los que decidió apostar al fútbol profesional.
Ella se convirtió en “una contención” para su vida y su cabeza, contó el jugador a ESPN Brasil en noviembre de 2013.

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Pero Sofía se mudó a Barcelona junto a sus padres. Y Suárez concluyó que la única posibilidad de volver a verla era convertirse en futbolista profesional y ser vendido a Europa. El tema de La Franela, el grupo argentino que canta “Hacer un puente”, parece escrito especialmente para la historia de amor del goleador celeste.

 

 “VA A SER HERMOSO HACER UN PUENTE, SOBRE EL MAR, SOLO PARA VOS”

El video del hit de La Franela: “Hacer un puente”
En Europa
Cuando logró el pase a Holanda, su primera etapa en el fútbol europeo, lo primero que hizo fue pedirle a sus ahora suegros que dejaran a su novia de 16 años irse a Holanda a vivir con él.
Desde entonces, junto con sus éxitos deportivos, el jugador siempre se ha hecho un lugar para agradecerle a su esposa e hijos por su constante apoyo.

El propio delantero ha reconocido que pese a las críticas sobre su carácter es precisamente su manera de ser la que lo ha ayudado a triunfar.

“Podés perder alguna otra cosa, pero perder la picardía, la viveza esa que tenemos desde niño, de jugar en la calle y todo no la vas a perder nunca”, dijo Suárez en entrevista con la AFP en marzo de 2013.
“Si yo no hubiera tenido el carácter que tengo hoy en día en la cancha, creo que no hubiera llegado a ser el jugador que soy hoy”, añadió entonces.

 

La historia hecha libro

En  “Vamos que vamos. Un equipo, un país”, de Ana Laura Lissardy,  Un equipo, un país”, de Ana Laura Lissardy, se relata la gesta de esta generación de La Celeste, pero hace especial foco en la historia de Luis y Sofía. Por eso, creemos que vale la pena reproducir el capítulo “Luis Suárez: la actitud” entero, que no tiene desperdicio.

 

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Sofía se iba para España. Estaba decidido y no había vuelta atrás. Se habían ennoviado un año antes, cuando él tenía 15 y ella 12, pero en poco tiempo era ya un pilar fundamental de su vida. Lo había cambiado completamente, transformado. Lo había renacido. Porque era la primera persona que, manifiestamente, había creído en él. La primera que expresamente le había dicho “vos podés”. Y eso lo había cambiado, lo había encauzado, lo había hecho plantearse objetivos y sentir que los podía lograr. Y ahora se iba. Emigraba. De Uruguay, de él.
Tenía miedo y se sentía perdido. Se verían, viajarían cada algunos meses (comprarían todo el tiempo que pudieran con el poco dinero que tenían), se comunicarían por internet, por teléfono… Pero no sería igual. Así que había un solo modo de combatir la inercia de los acontecimientos y de las decisiones de los adultos. Y ese modo era entrenar. Como nunca. Luis jugaba en inferiores de Nacional y, si llegaba al fútbol profesional, después tendría la oportunidad de ir a jugar a Europa, y así estar más cerca. Así que había que hacerlo. Y había que empezar lo antes posible.
“Ahí fue cuando más cuenta me di de que si quería estar cerca de ella me tenía que esforzar mucho —recuerda ahora—. Me tenía que poner las pilas. Y me puse a trabajar mucho más de lo que tenía que trabajar. No tenía libertad de irme o ella de venir, por un tema de dinero. Así que tenía que entrenar al máximo para poder triunfar en Europa.” Pasaron dos años de entrenamientos, partidos, y de algunos viajes interoceánicos robados a la suerte, cuando debutó en primera de Nacional. “Estoy a un paso de lo que quiero”, se dijo Luis. El Luis que, poco tiempo después, se convirtió en promesa y realidad del fútbol de Uruguay. El Luis que brilló en Europa. El que fue capitán e ídolo del fútbol holandés. Y el que luego fue fichado por el inglés por 26,5 millones de euros. El Luis que con una mano cambió el destino de su país en un Mundial. Con una cachetada al escepticismo y al temor. Con esa mano con la que, en un gesto instintivo e inmediato, hizo levantar millones de manos a su vez, para festejar.
Y todo eso comenzó por amor. Comenzó por querer estar más cerca de Sofía. Así empezó, y después se fue dando cuenta de que era cierto que podía (¡claro que podía!), y entonces siguió planteándose objetivos, uno tras otro, y alcanzándolos también. Y Luis iba pudiendo, cada vez más.
Fue ese siempre su modo de jugar. “Si una jugada me sale mal, quiero seguir intentándolo, y seguir y seguir. Quiero, quiero y quiero hacer gol. Y capaz que en la vida me pasa lo mismo. Si quiero algo, quiero y quiero ese algo. Y si no lo tengo, me enojo.” Quiere y quiere. En la cancha, como en la vida. “Hay que pegarle con confianza y convicción, con ambición de que sea gol. Es cuando te va mejor.” Dice Luis, y ya no se sabe si habla de fútbol o de la vida. O de las dos. Pero tanto da. Porque lo que cuenta es la decisión del golpe, la confianza y la convicción. Dentro o fuera de la cancha.
Aquí están, ocho años después de la partida de Sofía. Aquí están, juntos, en su casa de Solymar, adonde vienen a descansar. Sofía ya no es una adolescente. Luis ya no es el que no sabe bien adónde va. Aquí están y ya son tres. Porque nació Delfina, cuatro meses atrás. Aquí está Sofía yendo y viniendo por la casa, atendiendo el teléfono, a su hija, la cocina y lo que haga falta. Aquí está Luis, el futbolista, el ídolo en su país y el exterior, atento y concentrado permanentemente en ellas dos (“Se levanta de madrugada a hacerle la mema —lo confiesa ella por él—, la cambia todo el tiempo; no puede estar más de media hora sin ella. Y Delfina también. Llora y, cuando se la das a él, se calla.”) Aquí están los tres, de chinelas, bermudas y minifalda, en una mañana de diciembre de 2010. Descansando de tanto remate y tanto gol. Y Luis toma un refresco, mientras empieza a rebobinar su historia.
Sofía tenía 12 años cuando lo conoció, lo intuyó y le dijo “vos podés”. Y esas dos palabras, seguras y repetidas, le cambiaron la vida. “Fue un cambio muy grande en todo sentido. Yo era muy vago para estudiar y ella me ayudó a darme cuenta que no era por burro que no me iba bien, sino porque no quería.” Dejó de salir tanto, empezó a ir a clases habitualmente y a llevar una vida más ordenada. “No sé por qué no me iba bien. Pero son cosas que uno piensa ahora que es padre y se pregunta: ¿Cómo le vas a explicar a tu hijo que hiciste hasta segundo de liceo, o que no querías estudiar? Uno reflexiona y se da cuenta de que tomaba decisiones de adolescente, de rebelde, que fueron malas.” Pero por suerte Sofía llegó y lanzó, con la dulzura de esa mujer rubia y angelical que se mueve por la casa, el disparador que Luis necesitaba.
No había tenido una vida fácil, Luis. Era el del medio de siete hermanos en Salto, y a los siete años su familia se trasladó a la capital. Luis no quería (tanto no quería que se quedó con su abuela un mes más cuando todos viajaron, porque no lo podían convencer). Pero no había opción. No había mucho trabajo en su ciudad y el padre estaba empleado en la fábrica de galletas El Trigal en Montevideo. Así que, cuando la madre consiguió un empleo en el área de limpieza de Tres Cruces, estaba claro que se tenían que mudar todos juntos. Luis no quiso entenderlo, pero al final lo aceptó. Estaba en Montevideo todo el año y, apenas terminaba las clases, se iba a pasar el verano a Salto otra vez, porque extrañaba. “El cambio de la ciudad, la forma de hablar, porque allá se habla distinto y obviamente que a uno se le reían.” Extrañaba la tranquilidad, la seguridad, el poder dejar la puerta de la casa abierta mientras dormían y, sobre todo, el pasar el día jugando descalzos en el pasto. “Veníamos a una ciudad donde era prácticamente imposible jugar descalzo en el pasto. Está claro que lo iba a extrañar. Pero nos teníamos que acostumbrar como fuera a todo eso.” Y así fue. Empezó a ir a la escuela número 171 de Tres Cruces y a baby fútbol en el Urreta y luego en Nacional de aufi. Se hizo nuevos amigos… “Martín, Leonardo y Víctor. Prácticamente vivía en la casa de ellos, porque los padres me querían como a un hijo y nos tratábamos como hermanos.” Y con ellos y los padres de ellos es que iba a las canchas y a entrenar.
Pero entonces, cuando todo se estaba acomodando otra vez, los padres de Luis se separaron y fue un golpe duro para él. Tenía nueve años y lo sintió muy hondo. Se le desacomodó la tierra bajo los pies. En dos años le cambió el paisaje alrededor, la rutina, los amigos, la escuela, la familia tal como la conocía. Y, quizás por eso, se rebeló contra tanta realidad que le fue lanzada encima sin previo aviso y sin la posibilidad de elegir, sin opción. “Fueron momentos muy complicados. Mis padres se habían separado y todo el problema de que éramos una familia que nunca tuvimos la posibilidad de elegir nada. Nunca tuve la posibilidad de decirle a mi madre o a mi padre ‘quiero estos championes’ y que me compraran esos championes. Era lo que había y a uno le dolía todo eso que pasaba.”
Y fue su rebeldía, tal vez, el modo que encontró con 12 años de reivindicar su libertad de decirno. No a la ciudad nueva. No a una vida nueva. No a que el matrimonio de sus padres no funcionara. No a las nuevas rutinas, al pasto en el que no se puede jugar descalzo, al tener que vivir de puertas cerradas. Y les dijo que no a los estudios y al fútbol también, porque fue su manera de rebelión. “Hasta los 12 sabía que quería jugar fútbol, pero después, de 12 a 14, tuve una etapa en la que no me estaba yendo bien en el fútbol y no quería estudiar. No me gustaba entrenar. Me gustaba solo jugar los partidos y así iba a ser muy difícil que lograra algo. Me enojaba mucho. Era muy rebelde y eso me jugaba en contra.”
Su necesidad de gritar no a una realidad que le dolía y lo asfixiaba fue tanta que casi le grita noa su carrera de futbolista, cuando estuvo a las puertas de comenzar. O de naufragar. Estaba en séptima de Nacional. Él y unos 25 más. Al año siguiente tres o cuatro quedarían fuera y Luis sería uno de ellos. Se lo dijo, muy decidido, Daniel Enríquez, el coordinador de divisiones formativas, a Wilson Pírez, delegado de Nacional. Pero Wilson le pidió:
—Dale otra oportunidad.
No fue sencillo, pero finalmente aceptó: sería la última. Wilson fue hasta Luis, lo apartó y le dijo, muy seriamente:
—Es la última oportunidad que tenés. Tratá de aprovecharla. No me dejes mal a mí.
Luis lo miró en silencio.
—Luis, si vos querés llegar lejos en el fútbol, tenés que aprovechar esta oportunidad.
Finalmente, tenía la posibilidad de elegir. Entre jugar o no jugar. Entre cambiar su vida o mantenerla igual. Entre la libertad de labrarse su propio destino o de quedar librado a las circunstancias. Finalmente podía optar. Y pensó: “Tengo 14 años y no puedo saber ahora si voy a ser jugador profesional. Pero tengo que tratar de llegar lo más lejos posible. Tengo que intentarlo. Tengo que pensar en mi familia, en mis hermanos, en que, si llego, los voy a poder ayudar… Tengo que ponerme las pilas”. Y, al ver que algunos compañeros llegaban a entrenar con zapatos nuevos que les había dado el club, también pensó: “Si querés tener esos zapatos tenés que entrenar”. Fue el primer objetivo de su vida. Su primera misión. Lo miró, lo observó y sopesó, y apuntó a él. Disparándole con entrenamientos y prácticas, pero aún en la incertidumbre de si podría lograrlo. Con un dejo de incerteza e incredulidad.
Pero, al poco tiempo, conoció a Sofía y ella dijo ese “vos podés” que lo cambió (“Antes era un adolescente que salía, que no me gustaba entrenar, y cambié todo eso cuando me ennovié”). Que le hizo ver otra imagen reflejada en el espejo, y empezar también a estudiar más, a salir menos, a actuar con responsabilidad.
Wilson le había dado la posibilidad de elegir su futuro. Le había dado libertad. Y Sofía le dio la confianza en sí mismo necesaria para alcanzar eso que decidiera. Le había dado seguridad. Dos elementos que lo ayudaron de ahí en más a ir trazándose objetivos y e ir alcanzándolos. Que lo hicieron enfrentarse a las metas y desafíos con la actitud necesaria para conseguirlos.
“Empecé a hacer goles. Y se me dio la posibilidad de que casi hago un récord en juveniles de Nacional. El récord era de 64 goles en un año entero (creo que era de Rubén Sosa) y yo hice 63. Fueron cosas que a uno le fueron dando confianza.”
Fue entonces, con 16 años y jugando en tercera, cuando Sofía se fue a España, él se sintió perdido y se dijo que tenía que conseguir llegar al fútbol profesional. Y ser tan bueno como para que lo ficharan en Europa.
Todas sus ganas de llegar Europa las puso en sus pies, y empezó a patear con todas sus fuerzas, buscando el gol. Porque ese podía ser su pasaporte sellado al viejo continente, a Sofía. Y fue tanta su voluntad de gol, que lloraba cuando no los conseguía. Como cuando (recuerda hasta hoy) en cinco partidos erró entre 20 o 30 goles. “Luis, no es tan difícil —se decía a sí mismo—. ¿Por qué errás tanto gol?” Y le siguió pasando cuando debutó en primera, ya con 18 años. Pero entonces Martín Lasarte, el entrenador, vio cómo lo sufría y, sin saber que había una mujer rubia esperando del otro lado del océano, le dijo:
—Luis, yo confío mucho en vos. Quedate tranquilo que las cosas te van a salir. No le hagas caso a la gente. No hagas caso a nada de lo que te digan.
La confianza renovada. Se relajó. Confió. Y metió un gol de media cancha hasta el arco del FC Groningen, de los Países Bajos.
Luis está contando todo esto cuando se detiene y mira alrededor. Se mueve inquieto en el sillón. No quiere ser descortés, pero está claro que algo lo preocupa. Pide disculpas y sale un momento. Vuelve con Delfina —en pañales y sin ropa— en brazos, sonriente. La apoya en las rodillas y la sostiene frente a él. Dice que podemos continuar, mientras le hace todo tipo de caras y sonrisas. Había pasado más de media hora sin verla.
***
Los dirigentes de Groningen lo habían visto en un partido con Nacional y lo ficharon. Finalmente obtuvo su objetivo; se embarcó para Europa con Sofía y se fueron a vivir a Groninga, al norte de los Países Bajos. Él tenía 19 y ella 16. Era una ciudad chica, de 190 mil habitantes, fría, muy fría, y con gente “muy especial”, cerrada a los extranjeros. Estaban juntos los dos otra vez, pero tanto cambio lo desacomodó a Luis, y en sus primeros partidos no le fue tan bien. “Era un desastre. Estaba gordo y todo.” Así que los dirigentes empezaron a preguntarse:
—¿Qué jugador trajimos?
—¿Nos habremos equivocado?
Y Luis empezó a hacerse la misma pregunta también: “¿Habré tomado la decisión correcta?”. Quizás porque había logrado ya su objetivo y necesitaba otro, que aún no se había impuesto. Pero entonces llegó un partido, en setiembre de 2006, contra el Vitesse, que vestía camiseta amarilla y negra. Y fue una motivación especial para él, hincha de Nacional. Perdían 3 a 1 y corría el minuto 80. Dos minutos después, su equipo marcó un gol de penal. “En el minuto 89 me quedó una pelota, un compañero la tiró al medio y yo la empujé. Ese 3 a 3 ya fue emocionante. Pero en el minuto 92 hice un gol que hasta yo me sorprendí, mano a mano con el golero y de zurda. Sentí una felicidad enorme. Un desahogo.”
Pero más se sorprendió cuando, a partir del día siguiente, la gente lo empezó a reconocer por la calle y a felicitarlo o pedirle autógrafos. Y la confianza se renovó otra vez. En esa tierra extranjera y desconocida, logró construir su fortaleza.
Los dirigentes dijeron:
—Bueno, empezó a hacer algo de lo que habíamos visto de él.
El entrenador le dio total confianza a partir de ese momento, y él se dijo:
—Ahora puedo demostrar a lo que vine y lo que valgo.
“Después de ese partido es cuando empieza todo. Empecé como jugador con confianza. Y es totalmente distinto a jugar sin confianza. Me dio tanta confianza que hasta a mí me sorprendió”, dice ahora, mientras Delfina vuelve un rato con su mamá.
Por esa época habló con Sofía y se dieron cuenta de que tenía que inventar un modo de festejar los goles. Había llegado el momento. Quería ver a los niños repitiendo su festejo. Así que, durante una concentración, se paró frente al espejo del baño y empezó a hacer distintas “payasadas”, hasta que surgió la que usa hoy: con las manos como pistolas, moviéndolas arriba y abajo. Poco después se empezó a cruzar con niños que, a modo de saludo, le movían así los dedos. A pesar de que, cuando se emociona mucho con el gol, se le mezcla la alegría entre los dedos y puede llegar a hacer toda una serie de festejos juntos y entreverados.
Después de convertirse en un jugador con confianza, Luis se planteó un nuevo y permanente objetivo: seguir creciendo cada vez más. Y, a medida que lo iba consiguiendo, la confianza y la seguridad iban aumentando; se potenciaban aún más. Así llegó hasta el Ajax de Ámsterdam, en el 2007, donde puso en escena su festejo más de un centenar de veces, y donde fue también capitán. En enero de 2007 debutó en la selección. Y luego dio otro paso fundamental en el Mundial, que lo llenó de seguridad. Y entonces fue el Liverpool inglés, que lo compró por 26,5 millones de euros.
Pero eso aún no lo sabe, porque será un mes después, en enero de 2011. Así que Luis cuenta hasta lo del Ajax y el Mundial y, mientras lo hace, mira para afuera por la ventana y juega con su anillo y su reloj.
Luis es tímido. No lo era, pero ahora lo es. La exposición pública lo volvió así. Sofía dice que, cuando recién se conocieron, ella lo llevó a su casa y ya los primeros días él entraba, iba a la heladera y la abría como si fuera la suya. Y luego iba con total desenfado a pedirle al futuro suegro si podía quedarse a dormir.
—Me daba vergüenza a mí —cuenta Sofía meciendo a Delfina en brazos—. No sabía dónde meterme. Pero ahora le vino la vergüenza porque sabe que lo están mirando, porque se siente observado.
—Soy tímido porque no sé qué decir cuando la gente me dice “muchas gracias por todo” —interviene Luis—. Yo hice mi trabajo y lo que me salía del corazón. No es que la gente me tenga que agradecer nada. Me da timidez.
Le da timidez a ese hombre que salvó a su país en un Mundial. Al terminar la entrevista, Luis pide disculpas por su seriedad de los primeros minutos: “Estaba nervioso”. Me voy y los dejo a los tres en su refugio. Me voy y me llevo la última imagen: Luis de pie con Delfina entre sus manos, haciéndole caras, gestos, con esa sonrisa de dientes grandes que es ya un sello de Uruguay. Y, sobre todo, con esa mano que frenó un bombardeo enemigo, y que ahora sirve de altar para sostener en alto a su bebé.
***
Con esa imagen me alejo de la casa frente a la playa de Solymar y entonces me vuelve a la mente lo que Luis acaba de contar de ese instante fundamental del Mundial.
El marcador iba 1 a 1 en el partido contra Ghana y tenían la pelota los africanos, por una falta que habían cobrado en el minuto 119. Era, probablemente, la última jugada del partido. La definitiva. La que podía llevar a todos los uruguayos en el país y en el mundo a emocionarse, abrazarse y festejarse. O podía llevarlos a la tristeza, al no puede ser, al no lo merecían y no lo merecemos. El ghanés Pantsil lanzó el tiro libre y Appiah remató. Muslera se adelantó a atajar y Luis, que no iba en esa jugada y que tenía que tomar una marca, se metió atrás de él, puro instinto, como lo hacía siempre que el golero se alejaba. Se metió por atrás porque se rebeló otra vez y dijo, como en su infancia, no. ¡No!, gritó al disparar su cuerpo hasta atrás del golero.¡No!, gritó con la corrida hasta el arco. ¡No!, como cuando la realidad lo golpeaba de niño y él se resistía. ¡No!, defendiendo la libertad de elegir su destino. Y ese no del cuerpo fue tan fuerte que la sacó con el pie primero y con la mano después. Fue tan fuerte que no solo fue su destino el que definió, sino el de todo el Uruguay. ¡No!, gritó. Y salvó con ese grito a todos los que tampoco sentían la posibilidad de elegir. A los escépticos o anestesiados por la realidad. Porque con esa pelota que sacó para afuera de la red les regaló un sueño. Se lo lanzó de un manotazo. Con una mano que era rebelión y voluntad. Que era estirpe y era pueblo. Con una mano que eran tres millones de manos juntas. Tres millones quitándose de encima la inercia y la resignación. Tres millones empujando simbólicamente el país hacia adelante, hacia los mejores del mundo. ¡No!, dijo con una mano que era mano y era la garra de un león.
Mientras, ocho mil quilómetros al norte, en Barcelona, Sofía miraba el partido y sufría como todos los uruguayos esos instantes finales. Con su panza de ocho meses, entre los nervios y los 35 grados de calor, vio esa pelota que quería entrar al arco uruguayo y salía, rechazada por todo el Uruguay. Y, en medio de la confusión de ese manotazo, Sofía le dijo a su padre, casi gritando, casi suplicando que no fuera así:
—Fue el Salta —que es como llamaban en su familia a Luis.
—No, no fue él. Quedate tranquila.
—Sí, fue el Salta. No lo puedo creer. ¡¿Qué hizo?!
En la cancha del sur expulsaban a Luis y cobraban penal. Con cara de ingenuidad, intentó decir que él no había sido. Pero todos los ghaneses lo indicaron y el juez le mostró un cartón rojo irreversible. Y, mientras Sofía seguía preguntándose en Barcelona “¿Qué hizo? ¿Qué hizo?”, Luis salía de la cancha dolorido y avergonzado, diciéndose para sus adentros: “¿Qué hiciste, tarado? ¿Por qué la tocaste con la mano?”.
Entró al pasillo que lo llevaría a los vestuarios, vio una pantalla transmitiendo el partido y se detuvo a mirar. Y, mientras los ghaneses se aprontaban para patear el penal, pensó: “No puedo creer la forma en la que estamos quedando eliminados” y “No sé por qué la toqué con la mano”. Pero entonces Asamoah Gyan pateó y pegó en el travesaño y Luis gritó con todas sus fuerzas, emocionado, como si hubiese hecho un gol. Más aún que cuando hizo el gol contra Corea en el Mundial. Y entonces repensó lo pensado: “¡Lo hice notable! ¡Lo hice bien!”. Abrazó a Eguren, que lo fue a felicitar, y se fue al vestuario expectante y conmovido. Llamó a Sofía, que lo había visto salir de la pantalla y que, casi de inmediato, oyó sonar su celular.
—Quedate tranquila, que, si no, vas a tener a Delfina en cualquier momento. Vos quedate tranquila —le dijo desde los vestuarios.
Cortó el teléfono y se instaló frente al televisor a mirar la definición por penales con Guillermo Revetria, utilero de la selección. Pateó Forlán e hizo gol. Y Luis escribió en su celular “goool” y lo mandó a Barcelona. Y lo mismo hizo con los goles de Scotti y Victorino. Pero, cuando lanzó Maxi Pereira y erró, Luis tiró el celular contra la pared, entre nervios y pavor. Y llegó el penal picado de Abreu y Luis había perdido la cuenta. Fue cuando vieron a todos festejar por la pantalla que tomaron conciencia de que Uruguay había ganado y Luis salió corriendo y gritando hacia la cancha. Recién en ese momento tomó conciencia de lo que había hecho. Corrió hasta donde estaba el resto; a festejar. Con todo el país, que saltaba encima de Muslera, de Abreu, que lloraba emocionado entre los abrazos. Y, mientras Luis festejaba y todo el Uruguay festejaba a Luis, Sofía se extendía con cuidado en un sillón, con Delfina en su vientre, mientras su madre intentaba tranquilizarla. Y, a pesar de las contracciones cada 40 minutos, Sofía sonreía, exhausta.
Esa noche, cuando los gritos y cánticos se acallaron, Luis se fue a acostar. Y, en el silencio y la soledad de su cama, pensó en su infancia. En su familia, que él creía por entonces sin la oportunidad de elegir. En su vida, que en aquella época la sentía preestablecida y sin alternativas. Y, con su cabeza en la almohada y mientras todo el Uruguay seguía festejando, Luis pensó en ese niño de siete años que llegó a la capital. Que luchó por su derecho a elegir. Por su libertad. Ese niño que peleó por conquistar su esperanza. Y que combatió con tal determinación por ella, que llenó de esperanza a todo su país.
Luis atravesó un tornado. Fue después de haber recibido el premio al Mejor Jugador de la Copa América 2011 (con un gesto de serenidad que solo lo da la satisfacción por el deber cumplido). Fue a partir de 2012, cuando, estando en el Liverpool de Inglaterra, fue cuestionado por prensa, jugadores, dirigentes, acusado y criticado. Fueron meses en los que prender el televisor podía ser una amenaza para la tranquilidad de la familia Suárez, en Inglaterra. En esos momentos, Sofía le estuvo cerca, como siempre en su vida. Y no solo ella, sino también los amigos. Como su compañero de selección y entonces del Liverpool, Sebastián Coates, con el que pasaban tardes de mates, comidas y conversaciones sobre todo, menos de fútbol, para poderlo distraer. Era la manera que encontró Sebastián de apoyarlo. “Prendías la tele y todos hablaban de eso —dice Sebastián hoy—. Así que nuestro apoyo consistía en estar ahí para distraerlo. Para tomar mate y charlar. No opinar ni hablar del tema. Solo apoyarlo”.
Se distraían también con las ocurrencias de Delfina, la hija de Luis. Y, aún desde ese lugar complicado, Luis siguió estando para sus compañeros. “De Luis aprendí el profesionalismo, lo que insiste. Él va a todas, su estilo es así; es una virtud que no muchos tienen. Y afuera de la cancha es espectacular con su familia, con sus hijos”, dice Coates.
Luis pasó a través de un tornado. Y salió más fuerte. Volvió a gritar no a una realidad que le dolía y lo gritó como él sabe, a su manera: con fútbol. Tan fuerte lo gritó que en 2014 fue elegido Futbolista del Año de la Premier League, por la Asociación de periodistas de fútbol de Inglaterra, y también Jugador del Año por la Asociación de Futbolistas Profesionales. Y fue el goleador de la Premier League. “Hay que pegarle con confianza y convicción, con ambición de que sea gol —había dicho en 2010—. Es cuando te va mejor”.
Y su fuerza y rebeldía, esa que lo hizo siempre gritar no a lo que —parecía— no se podía cambiar, esa fuerza que lo hizo salir adelante siempre, es también Sofía. Y quizás esa fuerza se multiplique cada vez más, porque ahora a ella se suman también Delfina y Benjamín, su hijo menor. Y no hay un momento en el que Luis olvide esto.
Por eso, cada vez que marca un gol, incluso antes de correr, de festejarlo, se besa los tatuajes de sus hijos en la muñeca y el anillo que sella la unión con Sofía. Una unión que convierte en simple brisa los tornados.

LOS “NEGROS” DEL BARRIO BELGRANO

De los “negros” del Barrio Belgrano, el servicio militar obligatorio, las fuerzas armadas al poder y la confusión general.

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–          ¿Viste los desmanes que hicieron por el barrio en la madrugada del domingo? – me pregunta Jacinto, con gesto preocupado.

–          Si, también yo estoy entre los damnificados  – le respondo.

–          Estos negros de barrio Belgrano, siempre en el piquete y encabezando los titulares policiales – dice convencido de su afirmación.

–          Mirá Jacinto, en primer lugar no hay negros en el Barrio Belgrano; son ciudadanos como los de cualquier otro barrio o como los del centro.

–          Pará, pará, – me interrumpe – con el clientelismo político implementado desde la municipalidad, son los preferidos del intendente, que buena parte de los votos que lo mantienen en el poder, los cosecha con los favores que le otorga a esos marginados.

–          Bueno – trato de responder – eso es otra cosa; en todo caso la culpa no la tiene el chancho sino el que le da de comer. Además, según testigos, no podemos asegurar que los pibes malhechores, sean justamente de ese barrio, sino que montados en sus ruidosas e ilegales motos, bien parecían ser de “gente bien” que se domicilia en el centro.

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–          Puede ser – opina Jacinto – aunque de todos modos son todos astillas del mismo palo. ¿A vos que te hicieron?

–          Me rompieron un pequeño vidrio de un portón, aparentemente con un piedrazo   impulsado con una gomera – denuncio – pero en al menos en dos locales comerciales, llegaron a inutilizar, aunque sin tirarlos abajo, dos ventanales de vidrio blindado.

–          ¿Sabés lo que hay que hacer? – inquiere con aire de sabiduría, para proseguir diciendo – Hay que reimplantar el servicio militar obligatorio, y porqué no, que vuelvan los milicos al poder; orden, austeridad y defensa de los valores de la sociedad, que esta mal parida democracia se encargó de hacer desaparecer.

–          Epa, epa; – interrumpo –  lo del servicio militar obligatorio, es una guasada; ¿vos hiciste el servicio militar?

–          Si, cuando tenía veinte años – dice con cierto orgullo.

–          Yo también – cuento – y créeme que  no me dejó nada, salvo amarguras y tiempo perdido, pese a que estuve solamente siete meses; por entonces yo trabajaba en una empresa de esta ciudad, desde hacía tres años, y me dieron licencia sin goce de sueldo, y como eran otras épocas donde el trabajo abundaba, me conservaron el puesto. Pero en el servicio militar no aprendí nada de novedoso, la pasé mal como escribiente (en oportunidades me levantaban a las cuatro de la mañana para escribir unas boludeces, o los suboficiales me hacía completar sus cuadernos de teoría sobre la instrucción militar): el trato, salvo honrosas excepciones, era denigrante. Lamentablemente no pude sentir ningún orgullo al jurar por nuestra bandera. Era una época de recrudecimiento de los movimientos armados, y los oficiales estaban cagados, hasta el punto de suprimir la formación de la primera hora de la mañana, porque ingresaban al cuartel en distintas horas, escapando del enemigo acechante. Había un subteniente nuevo, al que se le hinchaba la vena del cogote, cuando miraba su sable: estaba estampada en el mismo, la firma de Isabelita de Perón.

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–          Me imagino – señala Jacinto –  ¡Pobre tipo! ¡Que desgracia!  

–          No entendiste nada – explico  con creciente mal humor -; te compadeces de ese cornudo oficial, y no prestas atención a lo que te digo, tratando de explicar la inutilidad del servicio obligatorio. O te olvidas lo que pasó luego, cuando llevaron a los pibes de dieciocho años, a la guerra más absurda del siglo XX, la gesta de Malvinas, que fue el último manotazo de ahogados, del régimen que se caía en pedazos.

–          Estás mezclando las cosas – replica Jacinto – y te vas del centro de la discusión que nos ocupa.

–          ¿Recuerdas a Omar Carrasco? ¿Sabés que no hay presos por ese crimen? – indico con firmeza.  

–          Les haría falta un buen baile a esos “negros” del Barrio Belgrano, y a todos los conchetos del centro – opina Jacinto con ufana suficiencia.

–          Mirá Jacinto – respondí – cuando hice el servicio militar, una mañana nos sacaron a bailar en un campo con treinta centímetros de pasto bien mojado por el rocío, haciéndonos arrastrar, mientras por detrás venían pateándonos, dejándonos hechos una piltrafa, moralmente y físicamente, y ocasionando gastos inútiles, ya que toda la vestimenta de la tropa, debió ir al lavadero; las prácticas del “baile”, eran por demás ignominiosas y destructivas.

–          Pero se trataba de una pedagogía que hacía valorar a la autoridad – afirma Jacinto.

–          Nada que ver – explico -; más vale te hacía rebelar en contra de la autoridad, y si eso lo extrapolabas y lo identificabas con las autoridades que verdaderamente debías seguir en el curso de tu vida, te hacías de la imagen que ya a ninguna valía la pena  someterse.

–          Vos sos un resentido, Homero, eso es lo que pasa – es su respuesta reflexiva.

–          Sigamos con el tema – opino, tratando de captar su atención -; el servicio militar obligatorio, de ninguna manera, puede reemplazar a la educación que deben recibir estos adolescentes, que están absolutamente faltos de límites, ya que el post modernismo, se encargó de disgregar a las familias, y debilitar la autoridad de los padres. Los valores que dicen defender las instituciones militares, distan mucho de sus métodos y sus prácticas; estás muy equivocado al añorar a las  Fuerzas Armadas en el poder, luego de los desastres que hicieron, esos alcohólicos y cursillistas. – en este punto me detuve angustiado, ya que le dí justo en su herida, con estos dos calificativos, pero tomé valor, y tragando saliva proseguí – Lamentablemente, igual que vos, opinaban muchos chacareros, a quienes el año pasado, en pleno enfrentamiento del campo con el gobierno, escuchaba invocar  la vuelta de los militares al poder; para ellos Lanusse era un dios, y Videla un justiciero; es lamentable la falta de memoria, alimentada también por la iglesia católica, que pese a haber tenido a sus mártires, por ejemplo el Padre Mujica, y muchos otros laicos fervorosos, era cómplice de las atrocidades del proceso, salvo honrosas excepciones; para nombrarte una   va la figura de Monseñor Zaspe.

–          …

–          ¿Para qué necesitamos unas Fuerzas Armadas? ¿Qué utilidad y beneficio tiene contar con un ejército, una marina armada, o una fuerza aérea? Defensa de la soberanía me dirás. Tenemos a gendarmería para encargarse de nuestras fronteras. Te cuento un caso. Viste que en la brigada, sobreviven algunos de los aviones Pucará, que son especialmente aptos para vigilar las fronteras. El caso es que la Fuerza Aérea, no puede actuar, aunque los radares le indiquen que ingresaron por la frontera norte, desde Paraguay, Brasil o Bolivia, vuelos desconocidos; estos aterrizan, en distintos puntos, incluso en nuestra zona, y transportan estupefacientes, armas y también hacen tráfico de personas. Es cierto que se le ha disminuido mucho el presupuesto a las fuerzas armadas, pero sin embargo, siguen siendo un gasto colosal, inútil y perverso. No estoy en contra de la Institución, que fue gloriosamente puesta en lo más alto del podio, con los ejércitos de San Martín y Belgrano, pero, ¿qué nos queda hoy de ese pasado glorioso? ¿Sabés como actúan los brasileños? Te cuento…, si un vuelo no identificado, entra en su territorio, inmediatamente es interceptado por alguna aeronave  de la atenta guardia del país de Lula, la cual intima al vuelo desconocido, a que se identifique inmediatamente; luego, como segunda advertencia, le pide que cambie de rumbo y vuelva por donde venía; finalmente si no recibe respuesta, procede a derribar sin miramiento al intruso; eso no pasa con nuestras fuerzas armadas, porque por ley no están habilitadas para tales menesteres ¿Para que la queremos entonces?

–          Mirá Homero – me contesta – estás totalmente desinformado; todas las fuerzas del ejército, tienen cuarteles estratégicamente ubicados, que cumplen las funciones de defensa de la soberanía, entrenamiento de los ciudadanos voluntarios, y al menos con su presencia, son garantes del orden en la sociedad.

–          ¿De  qué orden me hablas? Para eso tenemos a la policía, ya sea ésta en sus organizaciones provinciales, o a la policía federal; esas instituciones debieran ser  las garantes del orden social, y de decisiva lucha contra la delincuencia; para ello tiene que tener en sus cuadros, personal idóneo, bien pagado, y estar sujeta a los fiscales y jueces; una justicia independiente, claro, y no la consecuente con el gobierno de turno como se da en este sistema corrupto argentino. Tenés razón al señalar las deficiencia de la democracia nuestra, que pese a llevar varios años, nunca sale de se pubertad, y es difícil que de esta manera llegue a su mayoría de edad. La corrupción, instituida por Menen, con total desparpajo, y con el consentimiento y la colaboración del Dr. Alfonsín, pudrió las bases morales del pueblo argentino; después vino la boludez encarnada, con la asunción de quien hizo parecer, pondría un reparo contra esa podredumbre generalizada; De la Rúa, que tenía menos poder que en su casa, y abandonó vilmente la presidencia, dejando más de veinte muertos en esa epopeya; continuó Duhalde, que agarró el fierro caliente que nadie quería agarrar; lo primero que hizo, fue con total desparpajo y alborozo anunciar el vergonzoso “default”. Vinieron los tiempos de Kirtchner y su esposa, Cristina, al poder, que con los grados de corrupción que ostentan, hacen parecer al mismo Menen, como un bebé de pecho.

–          Viste, viste, al final me estás dando la razón- opina Jacinto satisfecho.

–          Para nada; yo tengo una idea respecto a que hacer con las Fuerzas Armadas y no me parece descabellada; primero demos los recursos a gendarmería, para que cumpla cabalmente todas sus misiones y objetivos; luego, desguacemos a esas fuerzas armadas, que tanto mal hicieron al país, en especial desde 1976 a 1983. Propongo, que se usen las instalaciones de cuarteles y dependencia militares, para crear en esos sitios, universidades y centros sanitarios.

–          Sos un idealista, utópico e idiota útil – asevera Jacinto.

–          Tal vez todos seamos idiotas útiles, a partir del hecho de que no podemos mínimamente, influenciar en los centros de poder, por esa maquiavélica cuestión del sistema electoral que tenemos; pensá solamente en el orden municipal, que nadie participa realmente en las elecciones, y que la oposición no ha logrado en veinticinco años, ubicar a un candidato idóneo y creíble; yendo más arriba, con los candidatos puestos a dedo, o con las listas sábana, nada podemos hacer; nuestra voz puede resonar en este desierto implacable, carcomido por la indiferencia, el clientelismo, la condescendencia, la complicidad, la corrupción.

–          Che, solamente hablábamos de los “negros” de barrio Belgrano, te fuiste por las nubes de Úbeda, como dijo en el célebre debate por la cuestión del Beagle, el senador Saadi .

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Con esto dio por terminado nuestro debate, el amigo Jacinto.

 

HOMERO ALCIBIADES RACETO

MAYO 2010

 

TENGAMOS SEXO COMO SI HICIÉRAMOS EL AMOR

Este fin de semana, démonos la mejor de las encerronas en honor a San Valentín

Desde el famoso me duele la cabeza hasta los tengo mil y una broncas, siento algo de culpa, no venía preparado y preferiría estar en forma, no son pocos los casos en que las relaciones sexuales ocasionan más ansiedad e infelicidad que tranquilidad y satisfacción.

La gran mayoría de problemas sexuales tiene su origen en prácticas que no son sanas, es decir, que van de la falta de protección al tiempo que se le dedica a la relación sexual (curiosamente, a veces toma más tiempo convencer al otro o convencerse a sí mismo en detrimento de una relación plena y prolija) y el estrés con que llegamos a la cama, en muchas ocasiones generado más por ideas que nos acosan que por realidades palpables. La paradoja es que estos miedos e inseguridades suelen repercutir en nuestro desempeño íntimo.

Crazy Stupid Love (2011)

Crazy Stupid Love (2011)

 

¿De dónde surge el estrés?
Sorprende cómo, independientemente de la situación verdadera de nuestra pareja, la información externa y los casos cercanos, aun ajenos, influyen en nosotros. Un ejemplo de esto es la crisis que enfrenta la pareja en nuestros días con su importante dosis de inestabilidad, aumento de divorcios y separaciones, menor duración de las uniones, miedo al compromiso y hasta la tendencia a las parejas múltiples. Todo esto puede afectarnos: llevarnos a dudar y desconfiar, de tal forma que los temores le roben cancha a la posibilidad real de disfrutar de una relación.

Otro aspecto que contribuye a la desconfianza es la presión que ejerce el entorno en materias social, cultural, religiosa y económica, es decir, expectativas sociales, roles culturales, culpa o hasta aprietos económicos, sobre todo si les concedemos una importancia exagerada y nos sometemos a exigencias que nos priven de vivir relaciones sexuales plenas y satisfactorias.

A esto hay que sumarle la llamada pobreza de tiempo debido a nuestro ritmo de vida que usualmente afecta la calidad y la cantidad de las relaciones íntimas: menos hacer el amor, más rapidines, bajo la creencia de que es mejor lo que sea a no tener nada de nada. No obstante, obsesionarse por el resultado no sólo deriva en encuentros rápidos y frenesí por el orgasmo, sino que puede dar pie a relaciones impersonales, vacías y/o hasta violentas.

Crazy Stupid Love (2011)

Crazy Stupid Love (2011)

 

Orgasmos de medio pelo
¿De eso a nada? No sé. Eso es tan presuroso y desesperado que, más allá de eyacular, no permite que liberemos todo lo que llevamos dentro. Podemos acostumbrarnos a relaciones sexuales on the go y coitos de cinco minutos. Quizá los órganos sexuales se satisfagan, no obstante el resto del cuerpo se queda a medias, inacabado tenso: palpitaciones, dolor de cabeza, estrés… No sólo nos privamos de sensaciones más intensas y duraderas, sino que afecta nuestra salud: fluctuaciones hormonales y envejecimiento prematuro en las mujeres, y en los hombres hipertensión, daño al corazón, problemas de la próstata e impotencia.

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En aras del sexo perfecto
Extraños motivos impiden disfrutar a lo grande de la intimidad. A veces la sola idea de “hacer el amor” ahuyenta o repliega a las personas por el temor o por la expectativa de que sentimientos y placer se involucren. Comprensible, pero, en defensa de esta condición de inatrapables nos perdemos de sentir y gozar, de hacer sentir y gozar al otro, de conocerle y conocernos mejor. Qué chafas.

¿Qué sucede durante el enamoramiento que potencia la sexualidad?
Veámoslo científicamente: la oxitocina es la hormona de la procuración, es decir, lo que vincula a dos seres. Con el tiempo, sus efectos se desvanecen y ocurre lo más temido: nos “des-enamoramos”.

A falta de oxitocina, consciente o inconscientemente, muchas parejas recurren a la dopamina y su enorme poder de excitación: es ésta la hormona que se encuentra a tope en los encuentros sexuales producto de gran atracción, de vértigo, de frenesí: es la que nos empuja contra las paredes y nos tumba contra las mesas. Una vez que “desciende la temperatura” o “bajamos el nivel”, padecemos desajustes que resultan en más estrés, irritabilidad, resentimiento y, lo que ya sabemos, mutuas acusaciones. Hay parejas que se separan ante estas desavenencias, mientras que otras intentan mantener elevados los niveles de dopamina a través de subirle el nivel a la creatividad entre las sábanas: desde explorar distintas posiciones sexuales hasta intercambiar parejas, desde enamorarse de alguien más o compensar la pérdida con adicciones a distintas sustancias o actividades…

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Sea con la pareja nueva, con la de siempre, con la del día (o la noche), podríamos maximizar la producción de oxitocina y así impedir la “montaña rusa” que nos significa la dopamina. Ya Rudolf Von Urban, psicólogo austriaco, hablaba de seis elementos en aras de mayor goce de las relaciones sexuales. A saber:

Preparación: Consiste en afecto y atenciones mutuos, besarse y acariciarse y evitar la estimulación del clítoris para centrarse en la vagina. Requiere una mayor conexión que el mero empeño en “venirse”.

Posición: Encontrar una postura que nos permita estar relajados durante el coito. Una vez que el pene empieza a penetrar, las caricias y los besos deben cesar.

Duración: Ambos permanecen quietos, con movimientos suaves, mientras que hombre controla la eyaculación..

Concentración: Deben concentrarse uno en el otro, y en lo que están haciendo.

Relajación: Debe ser física, mental y emocional. Es decir, fuera preocupaciones ni culpas. Las quejas del trabajo y demás deben tratarse en otro terreno, no en la cama.

Frecuencia: ¡Ahí les va! 30 minutos de coito, con intervalos de cinco días, para recargar las baterías de la llamada bioenergía.

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Tomemos lo que nos atraiga o sirva, pero tomemos algo, por favor. Además de Von Urban está la clásica Karezza o paz entre las sábanas, basada en sexo tántrico, muy recomendable para parejas, más que menguantes, valientes. ¿Por qué? Porque se trata de una práctica sexual sin orgasmo en aras de vigorizar el cuerpo. Al fomentar el lazo espiritual entre dos personas, lo que persigue es la unión más que la pasión. Entre las prácticas que sugiere está la de acostarse ambos desnudos y en silencio, sea por la noche y/o por la mañana. La promesa es beneficiar tanto a la pareja como a los miembros de la misma en lo individual a través de una conexión eléctrica que no sólo involucre los órganos sexuales sino las manos, los labios, la piel, los ojos, la voz…

Démonos un respiro. Miremos a nuestra pareja. Escuchémosla. Acariciémosla. Abracémosla y reduzcamos nuestra presión sanguínea. Besémosla profunda y detenidamente. Démonos un masaje que nos desintoxique y despabile. Así se trata de una pareja estable o itinerante, tengamos sexo como si le hiciéramos y nos hiciéramos el amor.

ASI PENSABA EL POCHO………

DE MI AMIGO EN FACEBOOK ENRIQUE WILHEM

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Muchos me acusan de ser Gorila y en ocasiones demasiado Gorila. Les explicare en forma sencilla porque, y a mucha honra:

JUAN D. PERÓN: Su pensamiento abiertamente expresado en sus Discursos y Métodos. Así exhortaba a las masas.

“El día que se lancen a colgar, yo estaré del lado de los que cuelgan”. (2-8-46)

“Entregaré unos metros de piola a cada descamisado y veremos quién cuelga a quién”. (13-8-46)

“A mí me van a matar peleando”. (13-8-46)

“Con un fusil o con un cuchillo, a matar al que se encuentre”. (24-6-47).

“Esa paz tengo que imponerla yo por la fuerza”. (23-8-47).

“Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores”. (8-9-47).

“Vamos a salir a la calle de una sola vez para que no vuelvan nunca más ni los hijos de ellos”. (8-6-51).

“Distribuiremos alambre de enfardar para colgar a nuestros enemigos”.. (31-8-51).

“Para el caso de un atentado al presidente de la Nación… hay que contestar con miles de atentados”. (Plan Político Año 1952).

“Se lo deja cesante y se lo exonera… por la simple causa de ser un hombre que no comparte las ideas del gobierno; eso es suficiente” (3ª. Conferencia de Gobernadores, pág. 177).

“Vamos a tener que volver a la época de andar con alambre de fardo en el bolsillo”. (16-4-53, horas antes del incendio de la Casa del Pueblo, la Casa Radical, la sede del Partido Demócrata Nacional y el Jockey Club).

“Leña… leña… Eso de la leña que ustedes aconsejan, ¿por qué no empiezan ustedes a darla?” (16-4-53).

“Hay que buscar a esos agentes y donde se encuentren colgarlos de un árbol”. (16-4-53).

“Compañeros: cuando haya que quemar, voy a salir yo a la cabeza de ustedes a quemar. Pero entonces, si eso fuera necesario, la historia recordaría la más grande hoguera que haya encendido la humanidad hasta nuestros días. Los que creen que nos cansaremos se equivocan. Nosotros tenemos cuerda para 100 años”. (7-5-53).-

“A unos se los conduce con la persuasión y el ejemplo; a otros con la policía”. (15-5-53).-

“Aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden contra las autoridades… puede ser muerto por cualquier argentino. Esta conducta que ha de seguir todo peronista no solamente va dirigida contra los que ejecutan, sino también contra los que conspiren o inciten”.
(31-8-55).-

“Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos”.. (31-8-55).-

“Que sepan que esta lucha que iniciamos no ha de terminar hasta que no los hayamos aniquilado y aplastado”. (31-8-55).-

“Nuestra nación necesita paz y tranquilidad… y eso lo hemos de conseguir persuadiendo, y si no a palos”. (31-8-55).-

“Veremos si con esta demostración nuestros adversarios y nuestros enemigos comprenden. Si no lo hacen, ¡pobres de ellos!. (31-8-55).-

“Yo pido al pueblo que sea él también un custodio del orden.. Si cree que lo puede hacer, que tome las medidas más violentas contra los alteradores del orden”. (31-8-55).-

“¡Al enemigo, ni justicia!”. (Memorando reservado “para el doctor Subiza”. De su puño y letra, con triple subrayado). (Esta misma frase la vuelve a repetir desde el exterior en junio de 1972, y se difundió por televisión a todo el país los días 21 y 22-6-72).-

“¡Ah… si yo hubiese previsto lo que iba a pasar… entonces sí: hubiera fusilado al medio millón, o a un millón, si era necesario. Tal vez ahora eso se produzca”. (9-5-70).-

“Si yo tuviera 50 años menos, no sería incomprensible que anduviera ahora, colocando bombas o tomando la justicia por mi propia mano”.-

“Objetivo: Lista de dirigentes opositores; lista de instituciones reconocidas como desafectas al gobierno; lista de opositores o de casas comerciales dirigidas o ligadas a los opositores; lista de representaciones cuyos gobiernos realizan campañas opositoras al nuestro. Personal: Serán empleados grupos previamente instruidos y seleccionados de las organizaciones dependientes de la CGT y del Partido Peronista Masculino. Misión: Atentados personales; voladuras; incendios”. (Plan Político Año 1952).-

comentario del autor de esta página

este último párrafo

epa! justo cuando mis viejos, mis padres, me estaban haciendo!!!

PEDERASTIA, PATRIARCADO Y MASCULINIDAD

COMPARTIDO POR MABEL BARBICH EN FACEBOOK

abusadores

 

por Juan José Tamayo
Teólogo español

La pederastia es el mayor escándalo de la Iglesia católica de todo el siglo XX y de principios del siglo XXI, el que más descrédito ha provocado en esta institución bimilenaria y el que ha generado más pérdida de creyentes, que han abandonado la Iglesia, bien dando un portazo, bien hecho mutis por el foro. Algunos de los que se presentaban como modelos de entrega a los demás, se entregaron a crímenes contra personas desprotegidas. Algunos de los que eran considerados expertos en educación, utilizaron su supuesta excelencia educativa para abusar de los niños y las niñas que los padres les confiaban para recibir una buen formación. Algunos de los que se presentaban como guías de “almas cándidas” para llevarlas por el buen camino de la salvación, se dedicaban a mancillar sus cuerpos y anular sus mentes.

Y eso sucedió durante décadas en no pocas de las instituciones religiosas: parroquias, seminarios, colegios, noviciados, etc., y afectó a decenas de miles de víctimas, según el reciente Informe de la ONU. Los delitos sexuales fueron cometidos por miles de eclesiásticos apoyándose en su poder espiritual, que demostró ser una coraza para actuar criminalmente y protegerse de la justicia. ¡El poder, siempre el poder! Y en este caso, el poder espiritual, el más dañino de los poderes cuando se desvía del camino de la espiritualidad liberadora, transita por la senda del control de las conciencias y manipula la voluntad de los creyentes; y el poder patriarcal, que ha ejercido más violencia en la historia que todas las guerras. ¡El poder espiritual y el poder patriarcal siempre unidos en las religiones!

¿Desconocía el Vaticano tan extendida, programada y perversa situación de la pederastia y tan humillantes prácticas para las víctimas? La conocía perfectamente, ya que hasta él llegaban informes y denuncias que archivaba sistemáticamente hasta olvidarse de ellas. A las víctimas y a los informantes les imponía silencio para salvar el buen nombre de la Iglesia, amenazando con penas severas que podían llegar hasta la excomunión si osaban hablar. Tal modo de proceder creó un clima de permisividad, una atmósfera de oscurantismo y un ambiente de complicidad con los abusadores, a quienes se eximía de culpa, mientras que la culpabilidad se trasladaba a las víctimas, que se veían bloqueadas para ir a los tribunales ante la imagen de autoridad que daban los pederastas. Hacerlo público se consideraba una desobediencia a las orientaciones eclesiásticas y una traición al silencio impuesto por las autoridades competentes, que decían representar a Dios en la tierra.

No importaba la pérdida de dignidad de las víctimas, ni los daños y secuelas, muchas veces irreversibles, ni las lesiones graves físicas, psíquicas y mentales con las que tenían que convivir los afectados de por vida. Faltó com-pasión con las víctimas y sensibilidad hacia sus sufrimientos. No hubo acto de contrición alguno, ni arrepentimiento, ni propósito de la enmienda, ni reparación de los daños causados, ni se produjo acto alguno de rehabilitación, ni se hizo justicia. Todo lo contrario: se echó más leña al fuego de las agresiones. Tal actitud supuso una nueva y más brutal agresión.

Sucede, además, que la mayoría de las veces los casos de pederastia se produjeron en instituciones y centros de formación masculinos dirigidos por varones: párrocos, formadores de seminarios, educadores de colegios, maestros de novicios, padres espirituales, obispos, todos célibes, en el ejercicio del poder patriarcal en estado puro. Lo que demuestra que el patriarcado recurre incluso a los abusos sexuales para demostrar su poder omnímodo en la sociedad y en las religiones y, en el caso que nos ocupa, sobre las personas más vulnerables. Un poder legitimado por la religión, que convierte a los varones en “vicarios de Dios” y portavoces de su voluntad. Es la forma más perversa de entender y de practicar la masculinidad, que despersonaliza y cosifica a quienes previamente ha destruido. Masculinidad y violencia, pederastia y patriarcado son binomios que suelen caminar juntos y causan más destrozos humanos que un huracán.

El cáncer de la pederastia con metástasis, extendido por todo el cuerpo eclesial, es la mejor y más fehaciente prueba del fracaso del catolicismo del Juan Pablo II y del cardenal Ratzinger, que los encubrieron: el primero como papa concediendo todo tipo de atenciones religiosas a reconocidos pederastas como Marcial Maciel; el segundo como todopoderoso presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante casi un cuarto de siglo. Este último, siendo papa, Benedicto XVI, se vio obligado a dimitir ante la suciedad que le llegaba al cuello y que no supo limpiar a tiempo. ¿Quiso limpiarla de verdad? No lo sabemos. Lo cierto es que no lo hizo. ¿No pudo? Claro que pudo. ¿No demostró mano dura con los teólogos y las teólogas que disentían de su manera de pensar, a quienes vigiló detectivescamente, impuso silencio, retiró el reconocimiento de “teólogos católicos”, condenó sus libros, expulsó de sus cátedras? ¿No puso bajo sospecha a la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas de Estados Unidos –que representa al 80% de monjas de ese país-, a quienes acusó de feminismo radical y las colocó bajo el control de un arzobispo, que actúa como detective? ¿Por qué entonces le tembló el pulso y no actuó con la misma contundencia ante los casos de pederastia?

Aunque con retraso, llega ahora una severa denuncia de la ONU contra el Vaticano, al que acusa de anteponer su reputación a la defensa de los derechos de los niños, de violar la Convención que protege dichos derechos, de no reconocer la magnitud de los crímenes, de ejercer una prolongada y sistemática política de encubrimiento de la violaciones y, ante la gravedad de los hechos, limitarse a trasladar a los pederastias de parroquias.

La reacción inmediata del Vaticano, a través de su portavoz, el jesuita Federico Lombardi, no ha sido precisamente la de ofrecer su colaboración a la ONU y a los tribunales civiles de justicia, ni la de proceder con urgencia al esclarecimiento de tamaños crímenes. Lo que ha hecho ha sido contra-atacar y acusar a la ONU de llevar a cabo “ataques ideológicos” y de interferirse en las enseñanzas de la Iglesia y en la libertad religiosa. Me parece una respuesta equivocada, ya que, a mi juicio, la ONU no hace ataques ideológicos ni se interfiere en asuntos ajenos a su competencia, sino que exige, como es su obligación, el cumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño. ¡Demasiado tarde lo ha hecho!

Si el modelo de Iglesia de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI fracasó, entre otras razones, por su actitud permisiva hacia la pederastia, el nuevo modelo de cristianismo que está gestándose solo puede ver la luz si el Vaticano cambia de actitud en este tema. En una institución tan centralista y vertical como la Iglesia católica, donde el papa tiene la plenitud del poder, le corresponde a Francisco responder a las graves denuncias y a las legítimas peticiones de la ONU sin titubeos ni estrategias dilatorias, y actuar con contundencia contra la pederastia: poner fin a la impunidad, condenar públicamente los crímenes cometidos, pedir perdón por ellos, cesar en sus funciones a los responsables, abrir los archivos donde se encuentra la información acumulada durante décadas y entregar a la justicia a los pederastas y a sus encubridores.

Y debe hacerlo sin demora, ya que el tiempo puede jugar a favor de la credibilidad de Francisco, que hoy es muy elevada, pero también en contra. A mayor retraso y más ambigüedad en la respuesta, más pérdida de credibilidad; a más celeridad en la colaboración y más contundencia en la condena de la pederastia, el papa argentino será más creíble.

Si se refugia en injustificados contra-ataques, como ha hecho torpemente su portavoz monseñor Lombardi, y no actúa en la dirección que le ha marcado la ONU, mucho me temo que la reforma de la Iglesia con la que se ha comprometido fracasará. Sus gestos de apertura se quedarían en gestos para la galería y sus palabras de solidaridad se las llevará el viento. ¡Así de triste! Espero y confío en que esto no suceda.